Cuando te hablen de mí no escuches. No digas, ni tan siquiera, que me conociste. Quizá así nos hagas un favor a los dos.
A tí, porque no te amargarán con mis historias y no tendrás que padecerte de mi infelicidad. Lograrás meterme dentro de una botella y tirarme al mar, sin que la corriente siga golpeando mis palabras contra tu costa. Conseguirás mantenerme donde siempre debí de haberme quedado: lejos de ti, guardando las distancias.
A mí... A mí poco bien me hará que no sepas de mí, pero al menos conseguiré que seas un poco más feliz, y eso me basta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario