¿Sabes como domar a un monstruo?

Si he de ser sincero, no fue una maravilla, pero la vida está llena de momentos buenos. Son los momentos malos los que te hacen sentirte agradecido por haber tenido gente con quien compartirlos…

Es como si conservase algo que ya no existe. Y es que, nos aferramos con tanta fuerza a las cosas que sabemos que acabarán desapareciendo… Pero es ahora cuando todo me parece efímero, justo cuando todo parecía querer despejarse.

Será que odio las despedidas, que nunca he sabido aceptarlas. Ya ni siquiera la compañía consigue evadirme de esa nostalgia; esa nostalgia de un sueño utópico que consiguió hacerse realidad, que hizo que la realidad fuera incluso más bonita que los propios sueños.


Pero de nuevo, la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. Y, es quizás por eso, por lo que la poesía aparece difusa. Por lo que se distorsiona y se hace prácticamente inteligible.

Por eso, lo divertido de los cuentos de hadas es que nos olvidamos de ellos tan rápido…

Gracias por haberme enseñado a volar hasta el infierno sin siquiera quemarme, por sacarme de debajo de todo aquello que algún momento me mantuvo preso, por considerarme algo más que piel y huesos. Gracias por ser mi punto de apoyo, por cantarme esa canción que nunca nadie quiso oír,

Me quedaré aquí sólo para verte sonreír. Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos. Eso es todo.


-¿Sabes como domar a un monstruo?
-No
-Tienes que cantarle…

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