Sus calles viejas y adoquinadas se mezclan con un marco contemporáneo de ciudad metropolitana, y eso es algo que la hace especial. Sus callejuelas de paredes negras. La abadía de Westminster. Mis sandwiches formato 1080p en Green Park. La magia de su lluvia y sus días grises...
No se, supongo que por eso me gusta tanto Pisa. Y es que he trasladado el subidón que me daba ver el Big Ben todos los días, a la torre inclinada, y el Ponte di mezzo ahora es el Puente del Milenio, y el Támesis el Arno.
Pero lo que hace también mágica esta ciudad, como lo hacía con Londres, es la lluvia.
¿Sabes por qué? Porque en los días en los que estoy triste puedo pasear tranquilamente sin que nadie se pare a fijarse en mí. Porque las gotas de lluvia camuflan mis lágrimas y las hacen desaparecer. Por que la fragilidad se moja y congela un poco, y escribirte se hace más sencillo escuchando el ruido del agua chocar contra los chasis de los coches. Porque ahora siempre me viene a la cabeza esa canción que decía que no importaba que lloviera si estaba cerca de ti; y no se si ya te perdí. Porque la melancolía hace acto de presencia, y ya te conté una vez que los que escribimos somos muy de dejar recuerdos aparcados en el pasado. Porque bailar o caminar bajo la lluvia esta muy infravalorado, y a mi me encanta empaparme y sonreír como un gilipollas mientras lo hago.


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