La ciencia de la felicidad

Ser feliz no es difícil, hazme caso. Nosotros mismos lo hacemos complicado por ponerle algo más de emoción a nuestras vidas.

He recibido muchos palos en los pocos años que tengo, y muchos de ellos me han tirado al suelo. La mayoría de ellos me han hecho sangrar, y otros, ni siquiera llegué a sentirlos. He saltado desde aviones en movimiento porque creí ver, que abajo, había algo por lo que valía la pena tirarse - sin paracaídas -. He recorrido islas por ver llegar a alguien sano y salvo. He llorado, he sufrido y he fingido a  partes iguales. He amado un poco, e incluso he sentido odio. Llegué a dormir abrazado con el diablo y hasta acurruqué a Hitler.

De todo esto, he aprendido la cosa más valiosa que uno puede enseñarse a sí mismo. Aprendí a vivir a gusto. Pero lo peor, es que no me había dado cuenta de eso hasta hace apenas un par de días. Me había olvidado de poner a funcionar lo que había ido recolectando en este tiempo.



Supongo que por eso, valen más que la pena, las largas e inacabables conversaciones con grandes amigos. Primero, porque si necesitan ayuda, tienes la oportunidad de re-demostrarles que sigues ahí, inmóvil para ellos. Segundo, porque ayuda a refrescar tu propio disco duro. Y tercero porque ¿Qué hay mejor que una charla de esas en las que, aunque te estés meando por banda y llueva agua congelada, no quieres que acaben?

Pero a lo que iba, la vida es bastante simple.

Para empezar, elimina el rencor. Cuando pase el tiempo, te acabarás dando cuenta que no sirve ni para envolver plastilina. Al fin y al cabo, eso de odiar hasta morir se acabará por volver contra ti, y será lo que acabe por clavarte la estaca en el corazón.


Pero atento. Eliminar el rencor no significa ser gilipollas. Hay que saber decir adiós, al igual que saludar a gente nueva todos los días. Quizá esta es la parte más difícil, si, pero también la más liberadora de todas. Y es que no hay verano con nieve, ni primaveras con colchones de hojas en el suelo.

Otra cosa que debes aprender, y ahí si que no puedo ayudarte, es a darle la vuelta a la tortilla. Quiero decir, que todo tiene diferentes perspectivas y puntos de vista, y aunque al principio resulte complicado, solo hace falta aprender a mirar desde afuera. 


Graba esta palabra en tu cabeza: empatía. Es más, si es necesario, tatúatela en los huevos - verás que con lo que debe de doler eso, jamás se te olvida el significado -. Pero no solo la tengas ahí para expandir un poco más tu vocabulario. Úsala, y hazlo todos los días.

La mentira no te llevará a ningún lado. Bueno si, a la soledad. Así que si quieres encerrarte en una habitación sin ventanas para el resto de tu vida, no dudes en tenerla siempre a mano. 

La felicidad se consigue con una sonrisa diaria, y con el poder de un abrazo - aunque sea desde la distancia -. Así que si te ofrecen cualquiera de esas dos gratis, no dudes en saltar a cogerlas. 

Poco se yo de la felicidad. Pero menos quiero saber de la tristeza.

P.D.: Una cosa más. ''La felicidad solo lo es, cuando es compartida''.

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