Mi amigo Ernesto me preguntó una vez, en un momento de inspiración un tanto estúpida, que porqué cuando más damos por alguien, es cuando menos acabamos recibiendo, y viceversa. En ese momento no supe que responder. Supongo que nunca me lo había planteado exactamente así.
Ahora tengo claro que se trata de ''esperar''. Y no lo descubrí yo, si no que ya lo dijo Shakespeare.
Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?
Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele.
Si tienes que hacer un regalo por que sí, hazlo. Si quieres intentar hacer feliz a alguien, hazlo. Si te apetece dar un beso y un abrazo, hazlo. Pero jamás esperes un agradecimiento.
Jamás esperes una respuesta positiva a todo eso. No esperes. Lo más probable es que acabes recibiendo agua hirviendo.
Si haces algo por alguien, jamás se lo recuerdes. Solo te queda esperar a que esa persona no olvide. Si no lo haces, terminarás por recibir un ''yo nunca te pedí que hicieras nada por mi'', y no hay nada más duro que eso. Hay pocas cosas más difíciles, que aceptar un fracaso como ese. Aceptar que todo, pasa a significar nada. Y que ese nada, se extiende a todo.
Así que hazte un favor y deja de idealizar a las personas. Retira de esa cabeza de chorlito la idea de que, por una vez en tu vida, acabarás por recibir algo.
Hazte ya un puto favor y empieza a ser feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario