Y.

"El que da, no debe volver a acordarse; pero el que recibe nunca debe olvidar."


Las 10 cosas que quiero hoy

1-. Surfear en el Arno



2-. Cantar todo el día hasta que se me derritan las cuerdas vocales



3-. Ir a un concierto de Of Monsters And Men



4-. Revelar fotos de una lomo



5-. Ver alguna película buena y comer palomitas hasta reventar



6-. Que no se vaya nadie de Pisa



7-. Volverme loco, tocar el cielo, y volver a bajar



8-. Que vengan a visitarnos ya



9-. Que los 24 grados aparezcan ya



10-. Tenerlo durmiendo a mis pies.




No son lágrimas ¿No ves que está lloviendo?

Siempre he estado enamorado de Londres.

Sus calles viejas y adoquinadas se mezclan con un marco contemporáneo de ciudad metropolitana, y eso es algo que la hace especial. Sus callejuelas de paredes negras. La abadía de Westminster. Mis sandwiches formato 1080p en Green Park. La magia de su lluvia y sus días grises...

No se, supongo que por eso me gusta tanto Pisa. Y es que he trasladado el subidón que me daba ver el Big Ben todos los días, a la torre inclinada, y el Ponte di mezzo ahora es el Puente del Milenio, y el Támesis el Arno. 

Pero lo que hace también mágica esta ciudad, como lo hacía con Londres, es la lluvia. 


Ya sé que es raro. Que pensarás que no debes de conocer a nadie que esté peor de la cabeza de lo que lo estoy yo. Que cómo es posible que alguien que está acostumbrado a vivir en el lugar de Europa donde hay mas horas de luz al año, te pueda estar diciendo que es la lluvia lo que le resulta mágico. Pero si.

¿Sabes por qué? Porque en los días en los que estoy triste puedo pasear tranquilamente sin que nadie se pare a fijarse en mí. Porque las gotas de lluvia camuflan mis lágrimas y las hacen desaparecer. Por que la fragilidad se moja y congela un poco, y escribirte se hace más sencillo escuchando el ruido del agua chocar contra los chasis de los coches. Porque ahora siempre me viene a la cabeza esa canción que decía que no importaba que lloviera si estaba cerca de ti; y no se si ya te perdí. Porque la melancolía hace acto de presencia, y ya te conté una vez que los que escribimos somos muy de dejar recuerdos aparcados en el pasado. Porque bailar o caminar bajo la lluvia esta muy infravalorado, y a mi me encanta empaparme y sonreír como un gilipollas mientras lo hago.








Por muchas más razones que vosotros

Hubo una noche en la que saqué todo el coraje que tenía dentro y, aunque los nervios me comían el corazón, fui capaz de cantárselo sin equivocarme. 


''No hace falta que me digáis eso 
de que perdéis la cabeza
por eso de que sus caderas...

Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa
y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.

Pero además la he visto seria ser ella misma
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.

Por eso,
eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas
y cómo se revuelve sobre las baldosas
y qué fácil parece a veces enamorarse.
Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...

Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor
es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos 
y me dijo su nombre.

Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio 
y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.

No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace,
y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

Así que supondrás que yo soy el primero que entiende
el que pierdas la cabeza por sus piernas
y el sentido por sus palabras
y los huevos por un mínimo roce de mejilla.

Que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte
son algo con lo que ya cuento.

Quiero decir, que a mí de versos 
no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.

Que yo también la veo.
Que cuando ella cruza por debajo del cielo 
solo el tonto mira al cielo.

Que sé como agacha la cabeza, 
levanta la mirada 
y se muerde el labio superior.

Que conozco su voz en formato susurro
y formato gemido
y en formato secreto.

Que me sé sus cicatrices
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo 
para conseguir que se ría.
Y me sé lo de sus rodillas
y la forma de rozar las cuerdas de una guitarra.

Que yo también he memorizado su numero de teléfono,
pero también el numero de sus escalones
y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.

Que no solo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada,
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna 
(y mira que hay tontos enamorados en este mundo).

Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.

Que la he visto volar por encima de poetas 
que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena 
rompiendo todos los relojes que le puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. 
No me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.

Que lo de "mira sí, un polvo es un polvo",
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.

Que te entiendo.
Que yo escribo sobre lo mismo.
Sobre la misma.

Que razones tenemos todos.

Pero yo
muchas más que vosotros. ''

Mi manchi cosí tanto.


Una carta a destinatario abierto

Querido ''tú''.

Ya se que pocas cosas te podrán parecer, ahora mismo, más extrañas que esta carta. Incluso hasta a mí me lo parecería.  Pero hace mucho tiempo que no hablamos, y si he de ser sincero, te echo de menos.

Me dio por escribirte porque, justo ahora, en medio de artículos de tratados europeos y organismos internacionales, se me dibujó en el papel tu cara. A partir de ahí, mi cabeza hizo ella sola el trabajo, y empezó a descubrir y limpiar imágenes del pasado. Es una cabrona... En eso no ha cambiado.

La verdad que no tengo mucho que contarte de lo que no te hayas enterado ya. Si es que, al parecer, ese ''Bluetooth''que nos instalamos una vez sigue funcionando. Mejor. Nunca quise separarme de ti del todo, a pesar de lo que una vez pusimos llegar a pensar de nosotros.

Ahora mismo no estoy tan mal, teniendo en cuenta que he llegado a estar mucho peor -y tu sabes como fueron esas épocas-. Bueno, en realidad, no estoy. Voy, vengo... Es todo tan dispar, que hasta si te dijera que me he convertido en una especie de ''Casper'' no mentiría -ni estaría exagerando, que no te haces una idea del tono blanco mozarrella que ha adquirido mi piel desde que al invierno le dio por posarse en Pisa-.

La ciudad está bien. Incluso me siento cómodo paseando mis pensamientos por sus calles antiguas. Pero, eso sí, hecho de menos deslizarme sobre el mar para calmar mis ansias. Incluso así, puede que al año que viene vuelva a despegarme de la isla, pero esta vez por algo menos de tiempo. Porque si algo estoy aprendiendo aquí es que, para triunfar, hay que salir un tiempo del paraíso.

¿Cómo anda todo por ahí? Nuestro paseo sigue igual que siempre supongo, ¿no? ¿Y tu sonrisa? Más te vale que sigas causando furor con ella...

Bueno, creo que con esto me despido, que ya va siendo hora de retomar los apuntes -solo espero que se me quiten las ganas que tengo ahora de ser presidente de la Comisión Europea-.

Por cierto. Sé que seguramente no vas a contestarme. Pero no pasa nada. Ya me había hecho a la idea de eso antes de empezar a escribir. Me soy con un canto en los dientes si, al menos, terminaste de leer el texto. Eso significará que aún queda en ti algo de curiosidad.

Quien sabe, a lo mejor nos vemos pronto. Mientras tanto, te deseo lo mejor, que lo peor no va contigo.

Un saludo.


Microcuento VI

Le volvía tan loco que se mudó a vivir con ella al manicomio. 


Si un escritor se enamora de ti...

“Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás, porque vivirás entre líneas y recuerdos para él”.

He leído tantas veces esta frase mientras vagaba por rincones de Internet llenos de telarañas... Y la verdad, siempre le di tan poca importancia que, cuando hoy la recordé, hasta pensé que podía llegar a ser mía. Aunque no. Algo tan profundo no podía habérseme ocurrido a mí. 

Pero -obviando ya quién sea el dueño de esto- el caso es que no le falta razón. Y es que, a pesar de todo, aún no he conocido a gente que escriba que no tenga parte de su presente viviendo en el pasado. Da igual si es un pasado de hace 3 meses, o si es uno remoto de hace 7 años. Siempre dejan algo ahí escondido. Algo que permanece a la espera del momento oportuno para poder salir. 


Supongo que ese algo vendrá instalado ya de fábrica; que es indivisible del mismo nombre de quien lo porta. Supongo. 

Mientras tanto, ellos viven bien en su mundo plagado de recuerdos y sueños, y no hay nada que los pueda cambiar. A menos que se enamoren del presente. 

Y es que solo ellos pueden definirse de una manera: alegres románticos depresivos. 

Los días raros

Seguro que a ti también te ha pasado. Esa sensación de querer estar alegre y no poder hacerlo. Sentir un vacío que te frena. 

Que eso se soluciona mirando ''Big fish'', es verdad. Pero tapado hasta los ojos con el nórdico y abrazando a alguien, por que si no esa película tiene algo menos de sentido. O tomando un café humeante con cualquiera que sepa más que tu en cualquier aspecto de la vida. O apoyando el culo en la calefacción mientras hablas con Kevin. Incluso escribiendo, a pesar de que no tengas nada interesante que decir. Pero eso no siempre vale.



Y es que siempre he sabido que eso de pensar tanto tenía más partes negativas que positivas. Pero no puedo dejar de hacerlo. Así soy yo. Un buscador constante de respuestas a preguntas que no deberían ser contestadas; un puto google humanizado que, tiene tantos errores de sistema, que está en un constante período de prueba. 

Pero me da igual. Me da igual porque los días, aunque sean raros, no fueron hechos para que estemos tristes. Así que, a pesar de que hoy tenga que ponerme un traje de funeral, voy a sonreirle a la muerte. Que ya llegará el momento en el que tendré que darle la mano e irme con ella, mientras seque las lágrimas de los pocos que tengan el coraje de despedirme.  


Hoy quiero...

1-. Dialogar con Dickens en un pub inglés


2-. Desempolvar una vieja super 8 y grabar todo el día.



3-. ''Terminar de empezar'' de escribir ese libro que siempre tuve en la cabeza.


4-. Viajar a Auswitch...


5-. ...y volver a Londres...


6-. ... y surfear en Bali.



7-. Quiero tener el don de calmar con un beso.


8-. Fotografiar algún evento importante.


9-. Correr la maratón de Nueva York


10-. Tenerla cerca.


De como pude ver lo invisible

Hoy me apetece contar una historia. Pero no una historia de amor en sí mismo, si no una historia de como llegué a saber lo que era eso. El momento en el que descubrí el significado que esa palabra daba a dos persona totalmente diferentes.

Nunca olvidaré aquel día normal. Aquel día en el que sentado en el sofá de mi casa, perdiendo el tiempo, entró mi padre por la puerta. 

Apenas se le veía la cara detrás de aquel gigante ramo de rosas, pero podía intuir su sonrisa. Otra vez, como cada año, volvía a tener problemas para entrar a casa cargado con las flores y la caja de bombones. 




Otra vez, como cada año, mi madre no podía dejar de sonreír cuando lo veía acercarse. Y otra vez, como cada año, se fundieron en un beso mágico. Pocos tan alegres recuerdo haber visto.

Lo que hizo diferente a ese día fue que mi madre, en la cocina, escuchaba la radio de su tierra. Y podría haberse quedado en un recibimiento de aniversario normal, pero la música hizo que, después de deleitarse la señora con el perfume de las rosas, se encadenaran ambos en un baile pausado y meloso, marcado por el ritmo de un tango de aquellos tiempos. 




Aún hoy recuerdo lo que sentí en ese momento, y te prometo, que esa fue la primera vez que me di cuenta que el "amor" no solo se podía sentir, si no también ver.

Y es que quizá andaba equivocado Saint-Exupéry cuando narró, en El Principito, que ''lo esencial es invisible a los ojos''.

Frágiles

- Ahora mismo me siento tan bien aquí. Es como que, estando entre tus brazos, ya no me hace falta nada más. Me siento genial. Protegida.

+ ¿Entonces?

- Entonces... El problema es cuando salimos. Ya no me fío ni de mi propia sombra. No sé.

+ Eres más rara...

- No quiero perderte.

+ Eso no depende de mí. Nunca lo ha hecho.


Microcuento V

Fue entonces cuando comprendió que el cielo estaba a la misma distancia que su boca.

Esther Villalba
Baptisterio de Pisa. Instagrameando un poco.

Momentos diminutos

Parar de estudiar, darme un paseo al supermercado que está debajo de casa y meterme en la cocina. 

Intento no hacer ruido cuando me peleo con el armario para sacar las sartenes que me amontonan adentro. Están tan al fondo que me siento como uno de los personajes de Las Crónicas de Narnia -ahora que lo digo, me apetece volver a leerme la saga-. 
Mientras tanto, el cristal se empaña y el ambiente empieza a oler a especias. Dos fogonazos, media hora, y ya está todo listo. Y mientras disfruto de mi invento diario, me doy cuenta de que ahí, soy yo el que lo controla todo. El que decide a que me va a saber el almuerzo o la cena. Tengo el poder de crear a mi gusto. Quizá debería de hacer lo mismo con mis días. Y mis noches. 

Entonces entra Marçal con un trozo de papel escrito con esa caligrafía que tanto me gusta. Una simple frase. Eso mismo que tanto me dio ella durante un año, me lo devuelve ahora mi amigo. 


Una vez que aprendes a vivir, te das cuenta de lo poco que necesitas para ser feliz. 

Y es que como escuché y leí tantas veces ''dicen que la vida se compone de pequeños momentos. Momentos que, aunque diminutos, marcan la diferencia''.

Gracias.


Caminos

Todos nosotros tenemos algún camino marcado. Y no hablo del destino precisamente. Me refiero a ese recorrido diario - o no - que, por motivos de obligación, entretenimiento o, simplemente por puro placer, conocemos tan bien. Esquina tras esquina, subida tras bajada, sabemos perfectamente lo que habrá.

Yo, obviamente, también tengo el mío,y ayer soñé con él.

Desde el puente de la GC1. Una noche cualquiera, exponiendo lento.

La verdad es que no es nada singular. Incluso hasta se podría decir que es un poco feo, pero es mi camino a la libertad; son mis escaleras hacia el cielo -como cantaba Led Zepellin -.

Empieza en una encrucijada de calles que desembocan en una gasolinera. Un puente por encima de la GC1 y llego a la rotonda del asadero de pollos, donde solemos comprar las pizzas los sábados por la noche. Una pendiente y un semáforo que me toca, casi siempre, en rojo. Sigo bajando y la carretera se mete en mitad de una plataneras. Los muros agrietados que protegen el camino dejan  entrever restos del dorado oro canario. Una curva a la izquierda, una rotonda más, y la subida mortal a la colina de 20º.



Ya estoy en Playa del hombre. Primera curva a la izquierda y empiezo a bajar de nuevo. Pero esta vez despacio. A 20 metros empieza la escalera, y hay que tener tiempo para mirar por el agujero de la pared y hacer un primer chequeo de las olas.

- Parece que sale algo.

Entonces suena el teléfono. Es Kevin, como siempre.

- Estoy en la bajada, ya llego.

Un ceda al paso. Giro a la derecha y ya busco aparcamiento. Siempre el mismo, al lado del garaje.

Entonces me bajo del coche y voy al último trozo de escalera que queda antes de llegar a la playa. Y ahí la veo: la libertad.


Mi vista de la playa desde el aparcamiento. 




Algún día...

''Mañana lo hago''. La de veces que habremos dicho eso, y la de veces que nos habremos arrepentido de hacerlo.

A medida que el tiempo te va arreglando la cara a base de ostias, acabas aprendiendo, y terminas por aceptar que hay cosas que están hechas para momentos concretos.

Quiero decir que, no hay mejor hora para hacer las cosas que ahora mismo. Mañana ya puede ser demasiado tarde.









Tardes de invierno diferentes

Nunca había vivido un invierno como este. 

En primer lugar, estoy lejos de mi familia y amigos. Me encuentro a 2.880,15 kilómetros de una isla perdida en medio del Océano Atlántico; una isla que representa mi hogar. Pero bueno, quizá la distancia es lo de menos. Y es que este frío... Los días cortos y las noches largas me apagan. Eso de no ver el sol más que de vez en cuando, deprime a cualquiera.

Ahora entiendo cuando los nórdicos viajan a las islas y no salen de la piscina del bungalow. Cuando, aún más tostados que un mixto de jamón y queso, les da por estar contentos en lugar de sufrir por las quemaduras. Si es que estos vikingos...


Va a ser que mi padre tenía razón. Que cuando el invierno llega de verdad, se hace largo y pesado. Y todavía queda para rato. Lo peor de esto es que, a este paso, voy a acabar por transformarme en un oso - un poco más de lo que soy ahora, sí - para poder ivernar tranquilamente. Bueno no, que tengo exámenes. 

Aunque joder, ya que estamos que nieve un poco, ¿no? Por Pisa parece que está complicado así que no se... Me da que me voy a Polonia.



¿Sabes como domar a un monstruo?

Si he de ser sincero, no fue una maravilla, pero la vida está llena de momentos buenos. Son los momentos malos los que te hacen sentirte agradecido por haber tenido gente con quien compartirlos…

Es como si conservase algo que ya no existe. Y es que, nos aferramos con tanta fuerza a las cosas que sabemos que acabarán desapareciendo… Pero es ahora cuando todo me parece efímero, justo cuando todo parecía querer despejarse.

Será que odio las despedidas, que nunca he sabido aceptarlas. Ya ni siquiera la compañía consigue evadirme de esa nostalgia; esa nostalgia de un sueño utópico que consiguió hacerse realidad, que hizo que la realidad fuera incluso más bonita que los propios sueños.


Pero de nuevo, la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. Y, es quizás por eso, por lo que la poesía aparece difusa. Por lo que se distorsiona y se hace prácticamente inteligible.

Por eso, lo divertido de los cuentos de hadas es que nos olvidamos de ellos tan rápido…

Gracias por haberme enseñado a volar hasta el infierno sin siquiera quemarme, por sacarme de debajo de todo aquello que algún momento me mantuvo preso, por considerarme algo más que piel y huesos. Gracias por ser mi punto de apoyo, por cantarme esa canción que nunca nadie quiso oír,

Me quedaré aquí sólo para verte sonreír. Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos. Eso es todo.


-¿Sabes como domar a un monstruo?
-No
-Tienes que cantarle…

Microcuento IV

Jugó tanto la princesa con su muñeco, que a aquel se le agotaron las pilas.


Días de otoño...

Querido yo.

Si algo he aprendido en estos últimos años, es que el olvido no forma parte de tí; que el tiempo reduce las cosas, pero no las oculta. 

Por desgracia tu cabeza apenas tiene influencia en tu corazón, y aunque eso sea así siempre y ya andes un poco acostumbrado a toda esa parafernalia, quizá ya va siendo hora de aparcar un poco todo eso que te transtorna. Lo que quiero decir es que el amor está muy infravalorado como para seguir hundiéndote en él.

Huye hacia las estrellas, donde siempre quisiste estar, y mira a la luna desde una perspectiva diferente.

Haz que hoy, de verdad, comience el otoño.

"Vive como si el cielo estuviera en la tierra".

Ciao.