Lefa

Hoy me he levantado decidido a mandarlo todo a tomar por culo. Y todo empieza por cerrar el facebook durante una temporada, cortarme el pelo, comer algo sencillo y sano, y salir a correr para ver si puedo escapar del mundo. Con suerte llegue a casa.

Así que si me buscas no estaré, por suerte para todos. Me apetece viajar solo, sin ningún destino predeterminado, al menos un par de días. Cámara y libreta a mano, nada más. Todo lo complementario es superfluo.

Me apetece sentirme vivo, pero de verdad, como lo estuve antes. Emborracharte casi todos los días está bien, pero como experiencia puntual. Ser un zombie gilipollas y charlatán ya está demasiado de moda como para que tenga que unirme yo también al club. Me niego.

He probado y disfrutado lo suficiente como para tener pase VIP al infierno - con carácter indefinido -, y no me arrepiento de absolutamente nada. Ni lo haría. Ni lo haré. Al fin y al cabo, eso soy yo. Pero me voy igual.

Porque aunque sigo sin estar seguro de que lo que estudio, realmente me mueva por voluntad propia, quiero acabar. Y ni siquiera por mí, si no porque no te imaginas lo feliz que estaría ella viéndome recoger la orla en ese Auditorio, y a ella se lo tengo que dar todo. Bueno, y a él más que a nadie. Al menos la satisfacción de un trabajo bien hecho.

Así que con la promesa de un título, cierro esto, al menos temporalmente.

Por cierto, si algún día te sientes triste, piensa que fuiste el espermatozoide más rápido y más fuerte.



Magari

No sabía lo que pensar, así que directamente no pensaba en nada. Mientras tanto, las nubes empezaban a acercarse rápido, a lo lejos. Al final iba a resultar cierto eso de la tormenta. Mierda. Me gustan los días de lluvia y de relámpagos, pero no hoy. 

Apenas tengo tiempo de levantarme de esa piedra en la que un día grabamos nuestros nombres con tinta invisible, y el agua ya empieza a calarme hondo. Parece que lo quiere borrar todo antes de que me ponga a cubierto. Pero bueno, tampoco pienso correr, al fin y al cabo es solo agua, y tampoco estoy tan lejos de la entrada. Un kilómetro no es nada en comparación a los 2.800 que me esperan ahora. 

¡Quién me lo iba a decir! Que hoy me das a elegir y elijo escapar de nuevo. Esta ciudad tiene demasiadas cosas concentradas en tan poco espacio, y ya hace bastante que odio las aglomeraciones. Probablemente no esté hecho para un lugar en concreto, o al menos no por mucho rato. O simplemente los lugares no me interesen y lo hagan las personas que están en él. 


Bah. ¿Qué más da? Si ahora mismo a quien más le importo es a la policía que me espera detrás de los detectores de metales. Espero que eso de dejarme la moneda de 2 céntimos metida en los bolsillos, funcione para que me cachee. Joder macho. Eso si que es desesperación por algo de cariño. Mierda, ¿Me vas a decir que el que me mete mano es ese gorila feo de dos metros? Ni con esas... Que triste. Al menos, en unas cuantas horas, tendré a mi pequeña bajo el brazo. Es la única que me entiende cuando no hay nada que entender, y la que tiene el poder de hacerme caminar sobre el agua. La verdad es que sí que la echo de menos. 

No sé si alguna vez te has fijado en las personas que hay dentro de un aeropuerto. Parejas felices, entusiasmadas por su primer viaje juntos; parejas con un solo miembro, nerviosas por reencontrarse en la puerta de ''llegadas'' con la otra parte. Niños que juegan con aviones de papel, o que lloran de los nervios, o que sonríen mientras sus padres les cuentan que van de camino a ver a sus abuelos. Un señor de 60 años se pasea delante mio con una camiseta de la maratón de Nueva York. La verdad que está bastante bien conservado. Quizá va siendo hora de plantearme alguna meta.

Se podría decir que hasta estoy nervioso. Aunque la verdad, no se si es por volver y no saber si estará todo en su lugar, donde mismo lo dejé hace ya un tiempo, o si se trata de un nerviosismo por abandono; por dejar todo esto atrás.


Ya estoy cansado de escuchar a las azafatas dar su discurso obligatorio de seguridad. Total, si el avión se cae, no creo que un flotador naranja me salve la vida y recupere mi cuerpo de las cenizas. ¡Terminen ya por favor! Me están poniendo más histérico que la niebla que recorre la pista. Espero que el tipo éste sepa como hacer volar el avión. ¿Pero que estoy diciendo? Claro que sabe...










Ovejas sonámbulas

Estás en lo cierto. Bueno, siempre lo estuviste. Pero supongo que hay cosas que son aún más fuertes que la propia razón. Si es que actuar con la cabeza es fácil, pero hacerlo con un corazón débil, ya no lo es tanto.

Y es que yo no he tenido la oportunidad de verla delante tuyo, vestida solamente con su mejor sonrisa. Jamás sabré lo que es enamorarte de ella cuando no está, y no quitártela de la cabeza aunque esté sentada ahí al lado. Nunca entenderé qué sentido tiene bañarse en un mar de mierda para salir a la avenida principal apestando. Nunca. Envolverte en lágrimas para poder secarte al sol.


Que sí, verás. Que este cuento no tiene más sentido que el propio que tu quieras regalarle. Porque mientras la historia continúe, irán quedando menos páginas sobre las que escribir en tu viejo cuaderno de notas, y ambos sabemos que aún hay mucho que contar en tan poco espacio. Que los bombardeos son evitables en la medida en la que tu mismo quieras, y que la magnitud de las sorpresas indeseables se reducen con miel y limón, no con pesimismo y alcohol.

A todo esto, ten siempre en la cabeza una cosa: el dolor es temporal, así que mientras más te agarres a él, más tiempo tardarás en volver a soñar con la felicidad. Y créeme que si te lo digo es por algo. Porque a pesar de las apariencias, todo eso que no me cuentas ya lo viví yo hace años.  

Que a mí también se me hacen incontables las ovejas que se acaban posando en mi cama para dormir más cómodas. Y a pesar de eso me sigo sintiendo solo y sin nadie con quien compartir mi almohada.  


Si es que yo también paso noches en vela pensando en las incoherencias de la vida, y en la incongruente genuidad de las personas, e incluso en el pasado. En ese que dicen que fue mejor, pero que en realidad fue diferente.

No te preocupes, enserio. Aún eres muy joven como para robarle la estela a cualquier estrella fugaz. Todavía te quedan por ver besos de otros, a la que creías que sería la definitiva. Asume que no has vivido todavía nada, y admite que los cambios no siempre son malos. Aunque den siempre miedo.

Créeme que te entiendo, aunque me hubiera gustado no hacerlo.



Lo que nunca te dije

Todo eso que nunca te dije se resume en dos palabras: Te quise.

También se condensa en un verano fugaz, y en otro eterno. Y en un año duro, pero que valió todo el esfuerzo del mundo. Se consume en un final de cuento que acabó despertando más decepciones que perdices cazadas. 


Todo lo que nunca te dije ya lo sabes. O al menos lo supiste. Y ahora está escondido en todas esas conversaciones que no quiero tener, porque en algún momento decidiste que la mejor manera para no hacerme daño, fue destrozarme el corazón y transportar las piezas por separado. 

Nos besamos al límite, incluso cuando ambos sabíamos que todo terminaría por derrumbarse. Cuando tus palabras de futuro, desaparecían tan rápido como el vaho de mi ventana después de follar toda la noche. Y mientras mis promesas jamás te abandonaron. Porque cuando te dije que me quedaría ahí, solo para verte sonreír, te lo dije con la mano en el pecho y la frente apoyada en la tierra. 


Supongo que la eminente idea de separarnos, nos acabó por distanciar aún más. Porque al fin y al cabo, en unos meses, nos daremos cuenta de que tampoco fue para tanto. Que si hubiéramos querido, de verdad, nos habríamos vuelto a ver en menos tiempo del que tarda en aterrizar el avión que me llevará de vuelta. Aunque eso de que ''se han visto más besos sinceros en los aeropuertos que en ningún otro sitio'', yo no lo haya podido descubrir. 


Si es que ya lo escribía Adolfo Bioy: ''Con una mujer solo se pueden hacer 3 cosas: quererla, sufrir o hacer literatura''. Y nosotros hace ya tiempo que estamos en la tercera fase.