Diez segundos bastan para saciar mi sed de rabia, para mandar mis penas a dormir la siesta, y para volver a disfrutar con algo de verdad.
Muy probablemente nunca llegues a saber de lo que te estoy hablando, pero créeme que te estás perdiendo lo divino. Te estás perdiendo sentir lo mismo que experimentó un barbudo judío llamado Jesús de nosequé.
Que te digo yo que el protagonista del libro ese-sí, de la Biblia-, no caminó por encima del agua, si no que surfeó. Lo único que publicar tal cosa no resultaba nada comercial para la época.
Y es que solo si lo has vivido sabes de lo que te hablo. Si tu también lo has vivido, sabrás por qué extraño volar sobre el agua.
Y si no... lo siento.

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