Y es que yo no he tenido la oportunidad de verla delante tuyo, vestida solamente con su mejor sonrisa. Jamás sabré lo que es enamorarte de ella cuando no está, y no quitártela de la cabeza aunque esté sentada ahí al lado. Nunca entenderé qué sentido tiene bañarse en un mar de mierda para salir a la avenida principal apestando. Nunca. Envolverte en lágrimas para poder secarte al sol.
Que sí, verás. Que este cuento no tiene más sentido que el propio que tu quieras regalarle. Porque mientras la historia continúe, irán quedando menos páginas sobre las que escribir en tu viejo cuaderno de notas, y ambos sabemos que aún hay mucho que contar en tan poco espacio. Que los bombardeos son evitables en la medida en la que tu mismo quieras, y que la magnitud de las sorpresas indeseables se reducen con miel y limón, no con pesimismo y alcohol.
A todo esto, ten siempre en la cabeza una cosa: el dolor es temporal, así que mientras más te agarres a él, más tiempo tardarás en volver a soñar con la felicidad. Y créeme que si te lo digo es por algo. Porque a pesar de las apariencias, todo eso que no me cuentas ya lo viví yo hace años.
Que a mí también se me hacen incontables las ovejas que se acaban posando en mi cama para dormir más cómodas. Y a pesar de eso me sigo sintiendo solo y sin nadie con quien compartir mi almohada.
Si es que yo también paso noches en vela pensando en las incoherencias de la vida, y en la incongruente genuidad de las personas, e incluso en el pasado. En ese que dicen que fue mejor, pero que en realidad fue diferente.
No te preocupes, enserio. Aún eres muy joven como para robarle la estela a cualquier estrella fugaz. Todavía te quedan por ver besos de otros, a la que creías que sería la definitiva. Asume que no has vivido todavía nada, y admite que los cambios no siempre son malos. Aunque den siempre miedo.
Créeme que te entiendo, aunque me hubiera gustado no hacerlo.
Que sí, verás. Que este cuento no tiene más sentido que el propio que tu quieras regalarle. Porque mientras la historia continúe, irán quedando menos páginas sobre las que escribir en tu viejo cuaderno de notas, y ambos sabemos que aún hay mucho que contar en tan poco espacio. Que los bombardeos son evitables en la medida en la que tu mismo quieras, y que la magnitud de las sorpresas indeseables se reducen con miel y limón, no con pesimismo y alcohol.
A todo esto, ten siempre en la cabeza una cosa: el dolor es temporal, así que mientras más te agarres a él, más tiempo tardarás en volver a soñar con la felicidad. Y créeme que si te lo digo es por algo. Porque a pesar de las apariencias, todo eso que no me cuentas ya lo viví yo hace años.
Que a mí también se me hacen incontables las ovejas que se acaban posando en mi cama para dormir más cómodas. Y a pesar de eso me sigo sintiendo solo y sin nadie con quien compartir mi almohada.
Si es que yo también paso noches en vela pensando en las incoherencias de la vida, y en la incongruente genuidad de las personas, e incluso en el pasado. En ese que dicen que fue mejor, pero que en realidad fue diferente.
No te preocupes, enserio. Aún eres muy joven como para robarle la estela a cualquier estrella fugaz. Todavía te quedan por ver besos de otros, a la que creías que sería la definitiva. Asume que no has vivido todavía nada, y admite que los cambios no siempre son malos. Aunque den siempre miedo.
Créeme que te entiendo, aunque me hubiera gustado no hacerlo.


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