No sé si alguna vez habrás encontrado algo que te lleve a atravesar un barranco, lleno de víboras venenosas y putas domesticadas para atacar, con el único objetivo de defender una vida pobre e indefensa.
No sé si alguna vez has tenido la desgracia de enamorarte del viento y de una playa. De ver que las luces se propagan hasta donde comienza el universo y termina todo el conocimiento humano. La desgracia de sentirte podrido por dentro y radiante por fuera.
No sé si tu cantidad de desdichas compensan, de alguna forma, tu mísera cantidad de victorias. O si es que la suma de ambas cosas, al final, siempre acaba dando como resultado un cero aún más redondo que la forma que tu barriga ha ido adquiriendo en estos últimos meses.
Si has vivido eso, lo siento. Solo puedo decirte que jamás tendrás remedio, porque aún hoy, nadie ha encontrado la cura para algo tan poco común. Deberás conformarte con seguir adelante y aprender a normalizar las caras raras que ponga la gente de barrio cuando te escuchen hablar de la vida. Vas a tener que joderte cuando no encuentres a alguien que se adapte a ti. Cuando después de tanto desechar amantes y follar con gente desconocida, acabes dándote cuenta que el amor por uno mismo, por muy leve que sea, es más fuerte que el amor por alguien que nunca pensó en compartir su mendrugo de pan contigo. O su sonrisa.
Si eres de los otros. Es probable que seas bastante afortunado, porque quizá jamás has tenido que plantearte algo tan oscuro como la decepción. Y poco más tengo que añadir aquí.
En todo caso, esto no es más que otro montoncito de basura convertido en plabras.
Y.

No hay comentarios:
Publicar un comentario