Estaría bien ser diferente al resto. Tener alas y poder volar hasta Edimburgo. O hasta Argentina. O hasta ningún lado. Simplemente irse.
Me encanta desaparecer. Aislarme de todo para poder observar mejor. Yo, yo mismo y yo de nuevo. Quizá demasiado egocentrismo concentrado en un mismo punto. Pero me da igual. El narcisismo jamás podrá conmigo, por eso me permito jugar con él; tutearlo como quien tutea a la vida. Al fin y al cabo, el que no piensa en uno mismo acaba enloqueciendo. O enloqueciendo a los demás, que es peor.
Da igual. Ya todo da igual. Desaparecer, seguir viajando, terminar de amar... Quizá será ese el problema. Dejar de querer. Alejar al que quiere y evitar al que se enamora. Por mucho que se necesite. Bah! Si al final nadie te querrá más que una madre y un padre. Da igual lo reyes que ellos sean y lo republicano que te proclames tu. Te dieron la vida, y la vida es amor.
En fin. París, Quebec, Noruega ...
Pensar en tatuarse un avión en la cabeza no puede resultar tan descabellado. Y si lo es, no me importa. Me gusta parecer un loco. Total, ya hace tiempo que dejé la cordura de lado y me arrastré para bañarme con la felicidad. Deberías probarlo. Aparcar por un momento toda esa montaña de teoría y encontrar otra forma de aprender. Hay bastantes cosas interesantes desperdigadas por ahí, y solo necesitas una mochila y un billete de ida. La vuelta no es tan importante.
Un chocolate en Bruselas. Un café en Italia. Canguro en Australia.
¿Porqué no? Ser feliz en Pekín, y follar en el mar.

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