Dos mil veintitres

Siempre te quise a mi lado. Aunque bueno, el concepto ''siempre'' es bastante indeterminado. Pero sí, dejémoslo así. Siempre. 

Hace tantos años que no te veo, que prefiero pensar que todo te salió como planeabas. Me gusta creer que tu empeño y esfuerzo no sacrificaron absolutamente nada en vano. 

Muy probablemente ya te hayas olvidado de mí. Es normal. Cuando decidí desaparecer lo hice con ese único propósito. No me hubiera perdonado, jamás, el volver a robarte un segundo de tu tiempo. Nunca me merecí nada de eso. O quizá si lo hice, pero duermo más tranquilo soñando con que ninguna de tus lágrimas llevaban escrito mi nombre. 

Por aquí sigue todo igual, por si te interesa. La playa donde te enseñé como realmente era por primera vez, sigue siendo mi único refugio. Mis amigos son los mismos, aunque la diferencia de kilómetros se hace notar de vez en cuando, y cada vez más. Poco ha cambiado desde que nos dijimos ''hasta luego''. Bueno, si, que ya no escribo tanto como antes. Supongo que es porque no tengo a nadie que se merezca escuchar lo que tengo que decir. 


Seguro que te preguntarás que porqué vengo a recordarte ahora. Que en qué coño te beneficia a ti recuperar un trozo de pasado varado a las puertas de tu nueva vida. No tengo respuesta para eso. Será el comienzo del verano, o los vestidos de flores en los escaparates, o esa canción que escuchábamos y que decía que ''solo la amas cuando ya se ha ido''. De verdad. No sé porqué. Simplemente necesitaba hacerlo. 

Por último, y aunque los oídos se hagan los sordos, hay noticias que entran por el corazón. Espero, o mejor, deseo, que el que ahora comparte tu felicidad genuina, te aporte todo aquello que yo no te puede precisar. 

Tengo que decirte que no sé si nos volveremos a ver. He aprendido que la vida es demasiado corta como para malgastarla en un sitio fijo. Eso del sedentarismo no va conmigo. 

Así que hasta pronto... O hasta nunca.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario