Quiéreme si te atreves.

Sé que seguramente ya empiecen a cansarte tantas letras dedicadas a ti, pero no puedo evitarlo.

También estoy casi seguro que te agobian los abrazos y los 20 besos por minuto que te doy (y los 50 que me faltarían cada 30 segundos, y que evito darte para parecer algo más normal). 

Estoy convencido, incluso, de que más de la mitad de las cosas que te digo las tomas como mentiras. Palabras sin sentido que jamás seré capaz de cumplir. 

Es probable, además, que ya no te apetezca sentirme tanto como parecía que querías antes. Quizá ya no te apetezcan tanto mis caricias ni ver mi cara en tus sueños.

Quizá.

Pero no puedo volverme ciego después de haber visto a la luna llenar las noches de luz.

Seguro que ya te canse escucharme (o leerme) decirte que quiero dejarme el alma por ti. Y el corazón. Y lo que haga falta. Pero necesito decírtelo todos los días.

Necesito darte cada mañana los buenos días, porque eso me recuerda que vuelvo a tener un día entero para intentar hacerte feliz; que sigo teniendo la oportunidad de seguir viéndote sonreír.

Mientras tanto, tu, quiéreme si te atreves.



No hay comentarios:

Publicar un comentario